viernes, 12 de mayo de 2017

Cervecería "El Barrilito" (San Marcelino) 12-05-2017

En pleno mes de las flores; suave y cálido como es habitual en la ciudad de Valencia, cuando en otros lugares de la geografía española las tormentas de primavera azotaban los campos, los Dalton Buidaolles se reunían de nuevo para ir a almorzar. En ese día en el que el CIPFP Ausiàs March cumplía veinte años desde su puesta en funcionamiento, con la consiguiente celebración y programación de actividades extraescolares y encuentro de muchos de los profesores que han pasado por el Centro en estos años. Una efemérides que serviría para evocar el recuerdo de los miles de alumnos que se han formado en sus aulas y que, en su inmensa mayoría, pudieron incorporarse satisfactoriamente al mundo del trabajo. Un momento para la alegría: por el reencuentro con profesores jubilados o destinados en otros centros. Un momento para la tristeza: al recordar a algunos de los que, desgraciadamente, ya no están en este mundo. Pero, sobre todo, un momento para ensalzar los valores de una comunidad educativa que, día a día, ha ido creciendo tanto en su oferta educativa como en su número de miembros.

Este día tocaba la visita a la “Cervecería El Barrilito”, en la calle Ingeniero José Sirera, 27, de la barriada de San Marcelino; un barrio obrero situado al suroeste de la Ciudad que surge como zona de expansión urbanística a partir de los años cincuenta, pero que en la actualidad cuenta con todo tipo de servicios.

Como lugar de interés cultural podemos destacar en San Marcelino el Centro Multiespacios “La Rambleta”. Funcionando desde hace cinco años con programación muy diversa, cuenta con un teatro, una biblioteca especializada en música y salas de ensayo para danza.

La cervecería El Barrilito es un lugar espacioso con una oferta gastronómica variada y a buen precio, entre la que podemos destacar el bocadillo de calamares, una costumbre muy habitual en los bares de Madrid que se está extendiendo a otros muchos lugares y, sobre todo, a Valencia.

Una curiosidad de este local es la cerveza tan fría, lo que nos trae a la mente aquel refrán que dice: “En esta vida todo hay que tomárselo con calma, menos la cerveza”. Por eso, para evitar que se caliente mientras te la estás bebiendo, la barra de esta cervecería dispone, a lo largo de la misma, de una canaleta que suministra agua próxima a los cero grados, con el fin de que la caña se mantenga permanentemente a una temperatura inmejorable.

Entre tertulia y risa, los Buidaolles pasan la mañana, esta vez sí, reservándose un poco, pues a la noche sería de celebración, y los que ya peinan canas, no están para tantos trotes.






José González Fernández

domingo, 7 de mayo de 2017

Restaurante-Arrocería Nao Borraset, (Pinedo) 05-05-2017

Algo más de un mes desde la última publicación en este medio, debido a las vacaciones de Pascua y a que en algunos viernes no vacacionales se han visitado locales ya frecuentados en otras ocasiones, Los Dalton Buidaolles vuelven al ataque en la templada pero brumosa mañana sobre la ciudad de Valencia. Un clima típico de la efervescente primavera, que contagiaba de esa reacción química a los propios tertulianos; no sólo en vivo y en directo, también a través de los círculos de whatsApp.
Pero a pesar de las discrepancias con acaloradas discusiones y desencuentros, las aguas siempre vuelven a su cauce cuando se trata de debates entre educados caballeros que se aceptan; no por lo que son ni por lo que piensan, sino por lo que comparten, y no es, ni más ni menos, que la epicúrea sensación de la llegada de un gastronómico viernes, en el que, de nuevo, visitan la zona de la huerta-sur de la ciudad, en la barriada de Pinedo.
Justo al final del nuevo cauce del río Turia, donde su desembocadura no es más que un trampantojo, - puesto que es el propio mar el que penetra en el fantasmagórico conducto que se une a la playa de Pinedo - se encuentra el Restaurante-arrocería Nao Borraset, en la calle Camì Canal, 8. Pinedo, ese lugar, del que ya hablamos en capítulos anteriores, en el que su economía se ha ido reconvirtiendo del sector primario al terciario. De lo que llegó a ser un importante recurso formado por la pesca y el cultivo del arroz, a lo que es hoy día: una moderna hostelería, con un gran número de bares y restaurantes que suelen ser frecuentados, no sólo en época estival, sino en cualquier momento del año, dado su proximidad a la gran ciudad y su localización en una playa cada día más visitada debido a sus buenos accesos. Un ejemplo de ello es el nuevo carril-bici que conecta la ciudad con esta playa y con las de la Devesa de El Saler, cruzando el parque natural que nos ofrece amplia diversidad de flora y fauna.
Aunque el punto fuerte de Nao Borraset no son los almuerzos, - pues su especialidad son los arroces – y es un local que suele estar muy concurrido los fines de semana y festivos debido a sus buenas y atractivas instalaciones, ha tenido que reinventarse y ampliar su oferta gastronómica en una franja horaria matutina, tratando de captar a ese segmento de clientela, creciente en esta ciudad, que visita los “sagrados templos” a la hora del esmorzaret. Aquí podemos encontrar variedad de bocadillos y raciones: sepia, calamares, morcilla, longanizas… que se pueden combinar con verduras o salsas, según el gusto del comensal. Dignos de mención son sus asados a la brasa, como es el caso de esta careta de cerdo, en platos para compartir.
Los Buidaolles degustan estos sabrosos y populares bocadillos a la vez que conversan y tratan los temas de más candente actualidad de la semana, tanto de carácter nacional como internacional. De destacar en la conversación, fue la ausencia en este local de público femenino, algo que viene siendo la tónica general en otros locales especializados en almuerzos, pero que en este local del extrarradio de la ciudad, se manifestaba con más claridad. Es cierto que este es un ambiente de hombres, pues la mayoría de las chicas, debido a las severas dietas de adelgazamiento, no se sienten atraídas por estas viandas. Sin embargo, en este mundo de hombres… ¡cómo se llegan a echar de menos! Ya lo decía James Brown en su canción “It’s a man’s World”, “Esto es un mundo de hombres, pero no seríamos nada sin una mujer”.
Una semana tensa a nivel internacional, debido los ensayos nucleares de Corea del Norte y las amenazas de Donal Trump, llevadas a la práctica dejando caer sobre los yihadistas la madre de todas las bombas no nucleares. De destacar también fue la difícil situación de Venezuela, al borde de lo que podría suponer una guerra civil.
 En cuanto al panorama nacional, seguían apareciendo casos de corrupción en los partidos políticos; tanto en las filas del PP como en las de los nacionalistas catalanes. En una semana en la que los datos macroeconómicos decían que empezábamos a salir de la crisis, aunque esto aún no fuera perceptible por el ciudadano de a pie. Semana también en la que comenzaba el plazo de presentación de la declaración del impuesto sobre la renta, siendo recurrente el hablar de todos aquellos vericuetos legales para pagar menos al fisco.
En los círculos de whatsApp se plantearon las diferencias de opinión en asuntos políticos tales como los referentes al independentismo catalán, los cuales también fueron objeto de debate en la tertulia de ese día.
En los cotarros deportivos se comentaba la derrota, una vez más, del Atlético de Madrid contra el Real Madrid, esta vez en la semifinal de la Chapions League.
Los recuerdos del ayer: los problemas profesionales de otros tiempos y lugares, las añoranzas – y a veces las críticas – a otros sistemas educativos del pasado son también motivo de conversación en ese día primaveral en el que las aguas revueltas volvían a su cauce al final de un río que no corre, en una reunión de compañeros, y sobre todo amigos, en la Arrocería Nao Borraset.


José González Fernández

domingo, 2 de abril de 2017

Bar Hermanos Haro (El Cabañal-Cañamelar) 31-03-2017

¿Qué tendrá ese distrito de los Poblados Marítimos que una y otra vez les hace volver a Los Dalton Buidaolles? Este último día del mes de marzo iban a ser reincidentes en el mítico barrio de El Cabañal-Cañamelar. Tal vez por su sabor a pueblo, por su aroma a mar, por su belleza anárquica y decadente o, simplemente, por sus tascas; en las que almorzar es comer para todo el día.

En la calle Las Columbretes, 23, está el Bar Hermanos Haro, donde podemos encontrar de todo, menos, paradójicamente, a los Hermanos Haro. En realidad, ellos ya no son los dueños del negocio, lo traspasaron a Roberto, - actual propietario - quien ha querido mantener el nombre para no despistar a la clientela. El bar es un pequeño local de unos veinte metros
cuadrados, pero que cuenta con una amplia terraza ocupando todo el ancho de una calle peatonal. Sin embargo, cuando llegaron los Buidaolles, todas las mesas estaban ocupadas y fueron ubicados en un local anexo un tanto especial. Roberto, - un interesante personaje a quien más adelante mencionaremos – encontró una rápida solución, y les instaló nada menos que en un casal fallero. Ese local que alberga trofeos, ninot… y todos los útiles necesarios para los eventos de la comisión fallera de las calles aledañas.


Una comisión fallera es una agrupación de personas que patrocinan una falla y que tiene una vigencia anual. Se disuelve siempre después de la cremà, y se vuelve a constituir otra de nuevo, en la que se nombran los nuevos cargos; quienes serán los responsables de la organización de festejos y actividades que se realizarán durante todo el año: verbenas, teatro, recaudación de dinero para el coste del monumento fallero, etc. Su estructura es muy jerarquizada: presidente, vicepresidente, tesorero, secretario y jefes de área.  El casal es el ecosistema donde se mueve todo lo concerniente a la comisión de la falla; sede social y local de reuniones y actos lúdicos.

En ese espacio tan selecto para quienes viven de lleno cada año la aventura de contribuir con el arte efímero, con la fiesta, con la pasión, con el recuerdo, con la nostalgia… en uno de esos templos sagrados, colocó Roberto a los Buidaolles. ¿Pero quién es Roberto?  Roberto es el dueño del negocio, el cocinero, el camarero, el encargado de las relaciones públicas… todo en uno. Un personaje, pequeño, calvo y regordete, que se ríe de su propia sombra y comparte su ocurrente humor con todo el que le rodea. Con sólo darle pie en cualquier tema, él es capaz de hacer un monólogo cargado de sutileza irónica e improvisación. Porque Roberto improvisa no sólo en su circunloquio humorístico, también en las situaciones que el día a día le presenta su trabajo de hostelería. En el momento en que le preguntaron los Dalton por los productos que había para almorzar, él contestó:

-          No os preocupéis os voy a poner de todo. Sólo decirme la bebida, de lo demás ya me encargo yo.

…Y en efecto, Roberto puso de todo: bocadillos de
longanizas, de morcilla, de jamón, de carne de caballo con huevos… y unas deliciosas anchoas del Cantábrico. Además, con el café, también sacó pasteles. Todo ello al módico precio de 6,50 €. Nunca, en ningún sitio, habían recibido tanto – comida, bebida, buen trato, entretenimiento, etc. – por tan poco dinero.

Como en todas las reuniones de Los Dalton Buidaolles, también ese día hubo tertulia, y los temas tratados estuvieron relacionados con la música; seguidores y detractores de determinados cantantes que han aportado algo y otros que, a pesar de su fama, no han llegado a contribuir en nada a esta sagrada y compartida afición. También se discutió sobre tauromaquia; con la opinión de los protectores de los animales, - que lo entienden como una crueldad - contraria a quienes defienden el toreo: como un arte, como un negocio… y preconizan la pervivencia del mismo para que no se extinga la especie del toro bravo.

Sin embargo, estos debates quedaron eclipsados cuando llegó, como un torrente, Roberto, identificando a los Buidaolles con el Club de los Calvos, - al que él mismo se unía en la parodia – o cuando enlazaba con las preguntas de éstos y sobre su definición de los gordos.


El humor: la mejor energía para cargar las pilas, el mejor antídoto contra la depresión. Una manera de enjuiciar las situaciones con cierto distanciamiento ingenioso y burlón, producto de la comicidad, que consigue hacer reír a la gente y que, por un momento, se olviden de las preocupaciones, sin llegar a coincidir plenamente con el pensamiento de Nietzsche: “El hombre sufre tan terriblemente en el mundo, que se ha visto obligado a inventar la risa”.

José González Fernández


domingo, 26 de marzo de 2017

Bar Casa Mateo (Avenida Ausiàs Mach) 24-03-2017

Aunque ya había llegado la primavera, el invierno aún seguía dando sus últimos coletazos en toda la Península. Sin embargo, en la ciudad de Valencia, la mañana se presentaba templada, y la densa bruma no dejaba ver el sol, en el momento en que Los Dalton Buidaolles deshojaban la margarita para decidir a qué lugar irían a tomar el consuetudinario esmorzaret.


A menos de trescientos metros del Instituto, siguiendo la avenida de Ausiàs March, se encuentra el Bar Casa Mateo, un local no muy grande, pero con una gran variedad de productos y, lo más importante, su asador; algo que le da un valor añadido a su oferta gastronómica debido a los sabrosos braseados.

La avenida de Ausiàs March es una de las importantes arterias de la ciudad, que conecta en sentido perpendicular con otras, también importantes, tales como: avenida Hermanos Maristas, avenida de La Plata, avenida del Doctor Waskman o avenida de Peris y Valero. La expansión urbanística de los años setenta dio lugar a la conexión de estas avenidas y de los barrios de Malilla o Ruzafa. Sus edificios, por lo general, no superan las diez plantas y fueron pensados, en principio, para dar acceso a la vivienda a las clases sociales desfavorecidas, aunque en la actualidad sus habitantes representan más a la clase media de la Ciudad, y podemos ver edificios de renta libre y hoteles de tres y cuatro estrellas, junto a precarias construcciones de finales de los sesenta, construidas al abrigo de ayudas oficiales.
La avenida, al igual que el Centro de Formación Profesional, debe su nombre al célebre poeta y caballero valenciano del siglo XV Ausiàs March, uno de los más importantes de la literatura valenciana del Siglo de Oro.

Casa Mateo presenta a su clientela una variada y suculenta oferta de productos entre los que destacan: patatas a lo pobre con jamón y huevos rotos, rabo de cerdo, morcilla de Burgos, foie braseado, anchoas con tomate, esgarraet con mojama, ensaladilla rusa, clóchinas al vapor… entre otras viandas. Pero hay algo que le distingue de otros lugares de almuerzo, y es su carne de cerdo criado con castañas; muy parecido al filete de cerdo ibérico pero con mayor jugosidad. Una muestra de ello la podemos ver en el lomo que nos presenta el amable cocinero del establecimiento. 

Los Dalton Buidaolles, como cada semana mantienen su animada tertulia con alegría y desenfado, a pesar de las duras y controvertidas polémicas que, a veces, existen en los debates. Esta semana tocaba un repaso a las anécdotas que, en ocasiones, se producen en el día a día de la actividad docente. Aquellos compañeros que dejan huella, - para bien o para mal - por su carácter, sus virtudes o sus defectos. También aquellos para quienes la enseñanza es un pasatiempos, integrado dentro de sus múltiples ocupaciones, – aunque sea ésta la que le proporcione su principal fuente de ingresos -  con un comportamiento insolidario; intentando “escurrir el bulto” en la primera oportunidad que se les presenta.

El tono de la conversación se elevaba y las conversaciones se cruzaban en distintas direcciones, llegando a resultar inaudible el contenido de las mismas en el momento en que los miembros del grupo  dejaban de deglutir los suculentos bocadillos. Pero, como es habitual, siempre alguno de ellos – el más osado, el  más locuaz, el de más energía e impulso – sobresalía del resto y animaba el  cotarro. Alguien a quien, como todos coincidieron en tono de humor, deberían extraer de su sangre esa sustancia capaz de producir tal estado de hiperactividad y excitación, – que muy bien podría denominarse “Cristobalina” en honor a su propio nombre – para ser repartida generosamente al resto del grupo.

José González Fernández

lunes, 20 de marzo de 2017

 Bar-Cafetería "El Trovador"  (15-03-2017)

  En esa semana fallera, en la que el viernes era festivo, los Dalton Buidaolles deciden adelantar su almuerzo semanal al miércoles. Resultaba casi un deber inexcusable visitar la zona de más tradición fallera de Valencia. Se hacía necesario patear la ciudad desde Ruzafa hasta la Plaza del Ayuntamiento, en un sentido, y desde Puerta del Mar hasta Plaza de España, en otro.
El sitio elegido para este almuerzo fallero fue el Bar-Cafetería El Trovador, en la calle Conde de Salvatierra, 34, la cual conecta la avenida del Marqués del Turia con la calle de Colón, en la zona denominada la “Milla de Oro”; un lugar muy comercial, repleto de tiendas, negocios de hostelería, oficinas...  dónde el ciudadano se ve inmerso en una atmósfera de prisa y decibelios, algo de lo que el campesino huye y en la que el urbanita encuentra su hábitat natural.
Muy cerca de El Trovador se encuentra el Mercado de Colón, en su día de abastos, pensado para cubrir las necesidades del Ensanche: una zona que comenzó a poblarse, en las primeras décadas del siglo XX, por la nueva burguesía. Actualmente, esta construcción de estilo modernista, del arquitecto Francisco Mora Berenguer, se encuentra rehabilitada y su interior está destinado a comercios y cafeterías.
El Bar-Cafetería El Trovador cuenta con una fachada estrecha, pero con un amplio interior. No obstante, a determinadas horas de la mañana la afluencia de público es tanta, que has de esperar si quieres coger mesa.  Es llamativo ver en este local, a ejecutivos trajeados y empleados de comercio junto a obreros de la construcción, funcionarios o jubilados; todos atraídos por el buen yantar en variedad y cantidad y, sobre todo, por el precio tan adaptado a las épocas de crisis económica.   Digno de mención es también, la rapidez en que eres atendido; tal vez porque el contagio de la prisa del cliente hace que los camareros y cocineros desarrollen unas habilidades especiales, transcurriendo muy pocos minutos desde que pides en barra hasta que te sirven en mesa.
La amplia gama de productos que nos ofrece El Trovador, da lugar a que cualquiera pueda adaptar el bocadillo o plato combinado a su dieta o a sus apetencias. Una amplia variedad en carnes, tortillas, longanizas… por una parte, o bien, para opciones más bajas en calorías, verduras y escalibadas con atún. Además, para quienes acostumbren a tomar dulce por la mañana, existe también pastelería y bollería.

Las Fallas de Valencia, consideradas hoy como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, han sabido conjugar, a lo largo de la historia, la creatividad y el arte con lo satírico y cómico, un binomio imprescindible en esta fiesta del fuego y de la pólvora.
Las Fallas son una fiesta que tiene su origen en las luminarias dedicadas la noche previa a la festividad de San José. Desde antiguo, el gremio de carpinteros hacían limpieza de sus talleres, - preparándose para la entrada de la primavera – quemando todos los desechos de la madera y objetos inservibles. Sin embargo, algunos autores intentan ver en el culto a fuego un origen pagano, similar al de las hogueras de San Juan.

El mes de marzo suele tener unos cambios climáticos frecuentes, y en este de 2017, se manifiestan con toda su crudeza; pues después de una semana de altas temperaturas, vinieron días de viento, lluvia y frío. No obstante, en los días más importantes de las Fallas, el buen tiempo fue el protagonista y permitió que, tanto propios como extraños, pudieran visitar ese museo al aire libre que son las exposiciones falleras; ese ambiente en el que se mezcla el estruendo de las mascletás con la música y con el olor a pólvora y buñuelos de calabaza. 
Los Dalton Buidaolles no podían perderse este apasionante espectáculo de luz, color y sonido, y aprovecharon la mañana del miércoles para visitar la plantá de algunas de las fallas más importantes.


José González Fernández

lunes, 13 de marzo de 2017

Bar-Restaurante Waksman  (Avda. Dr. Waksman)  10/03/2017

La primavera - ese renacer de la vida - estaba ya a la vuelta de la esquina, aunque los 26 grados vestían la mañana casi de verano. Después de la lluvia y el frío de las semanas anteriores, por fin el astro sol calentaba la ciudad y hacía aparecer las primeras yemas en los brotes de los árboles de parques y avenidas. Los viandantes iban algo ligeros de atuendo y las chicas mostraban sus desnudos y blancos hombros dispuestos a ser bronceados y a absorber la vitamina D.  Sin embargo, Los Dalton Buidaolles, - que como cada viernes iban a almorzar – se mostraban algo remisos al prematuro destape, y algunos aún seguían cubriendo su mondadas testas; tal vez por costumbre, tal vez por coquetería, lo cierto es que esa parpusa de chulapo isidreño, todavía formaba parte de su indumentaria.

A pie o en bicicleta, esta semana tocaba visitar un establecimiento, no muy alejado del Instituto, de la avenida del Doctor Waksman, 33.  El local toma el mismo nombre que el de la avenida, es decir, Bar-Restaurante Waksman.
El doctor   Selman Abraham Waksman, fue un ucraniano-estadounidense, premio Nobel en Fisiología y Medicina en 1952. Este reputado científico se había labrado una prestigiosa carrera gracias a sus investigaciones y descubrimientos en antibióticos tales como la antimiocina, aunque éste nunca se pudo utilizar debido a su alto grado de toxicidad.   El descubrimiento de la estreptomicina, el segundo antibiótico útil en la historia de la humanidad, - el primero fue la penicilina – le sirvió para obtener el premio Nobel. Sin embargo, fue su alumno, Albert Schatz, el descubridor del mismo. Waksman, utilizando su prestigio como microbiólogo, se atribuyó tal descubrimiento, negando la genialidad de Schatz y aprovechándose del usufructo de las patentes durante años. Mucho después de la obtención del famoso galardón, ambos llegaron a un acuerdo económico, y la Universidad de Rutgers otorgó a Albert Schatz la autoría del brillante descubrimiento, pero la Academia Sueca nunca reconoció su error.
Se comentaba esa mañana, entre los Buidaolles, la injusticia de que la avenida valenciana aún conservara el nombre del doctor que se benefició indebidamente de los conocimientos de su alumno, pues, en realidad, la vía debería llevar el nombre de Albert Schatz, auténtico autor de tan valiosa aportación a la ciencia. Desde aquí queremos instar al Excelentísimo Ayuntamiento a su cambio, aunque ello sólo suponga un homenaje póstumo.
 
A colación de las apropiaciones indebidas, también fueron objeto de tertulia los continuos robos que se venían registrando últimamente en la ciudad, incluso algún caso en el propio Instituto. Anécdotas tales como el ocurrido el curso pasado; la mañana en que un caco entró en una de las aulas y sustrajo la cartera a un compañero, cuando éste tuvo un momento de distracción.  El cuerpo del delito apareció una semana después, sin el dinero, claro, – y menos mal que con la documentación – en los lavabos de un famoso restaurante de la ciudad, donde, al parecer, el mangante se había dado un homenaje con el efectivo que contenía.  También se comentó otro robo de una oficina bancaria en un pueblo de Jaén, donde el magrebí que fue a la campaña de aceituna, - de la que tal vez no obtuvo la renta que esperaba – entró en la oficina encapuchado y empuñando un hacha, arma con la que amenazó al único empleado de la sucursal. No obstante, debido a las medidas de seguridad, el botín no llegó a alcanzar los 900 euros.
Todo esto en una semana en la que la noticia, en todos los medios de comunicación, eran las filtraciones de Wikileaks, las cuales dejaban al descubierto las armas cibernéticas de la Central de Inteligencia Americana (CIA). Ese ambicioso programa de espionaje cuyo objetivo son los sistemas Android,  iPhone, Linux y Smart TV.
Una semana de intrigas y pánico informativo, pero que a los valencianos les ponía a las puertas de su fiesta más esperada, las Fallas. Los Dalton Buidaolles degustaban plácidamente esos bocadillos de tortilla, panceta y otros productos ofrecidos en el Bar-Restaurante Waksman, local que hace honor al nombre de la avenida. Una avenida que hace honor, a su vez, a un premio Nobel no merecido.

José González Fernández

domingo, 26 de febrero de 2017

Bar Restaurante L'Amistat (Barrio de Malilla) 24-02-2017

Después del polvo en suspensión sahariano del día anterior, la mañana levantina sorprendía con una fina lluvia que embarrizaba las calles y teñía de marrón los vehículos, aunque eso no fue óbice para que, como cada viernes, los Dalton Buidaolles visitaran – esta vez paseando y con paraguas – un local cercano al Instituto: en el ya frecuentado barrio de Malilla.

El Bar Cafetería L’amistat en la calle Oltà, 33, cuenta con un local no muy amplio, situado en una zona de población creciente, cuya clientela está formada por empleados del sector servicios, funcionarios y jubilados. La elocuencia de su nombre, ya es de por sí una muestra del ambiente alegre y desenfadado que en su interior se respira; grupos de amigos y colegas comparten risas al tiempo en que, por la comisura de sus labios, les chorrea la sabrosa salsa de los callos o el all i olli de los calamares.

Callos en salsa
Bacalao y calamares
Si hubiera que mencionar la cualidad principal del Bar Cafetería L’amistat, destacaríamos su amplia variedad de productos: sangre con cebolla, croquetas, morcillas, longanizas, tortillas, rabo de toro… entre otros muchos productos e ingredientes para combinar bocadillos y platos. Es posible que la calidad de los mismos no sea excesiva, pero compensa esto el hecho de tener múltiples posibilidades de elección.

El tema, de candente actualidad en los últimos días, fue la sentencia de la Audiencia Provincial de Palma de Mallorca sobre el caso Noos. En la tertulia, todos parecían coincidir con la indignación de un sector mayoritario de la población, porque el cuñado del Rey, a pesar de haber sido condenado a algo más de seis años de prisión, quedara, provisionalmente, libre y sin fianza. El debate, por tanto, estaba servido entre quienes estaban a favor de que la constitución se modificara para dar entrada a otras formas democráticas de elegir al Jefe del Estado, y los que consideraban que eso supondría la ruptura de la unidad nacional, al dar pie a los partidos nacionalistas a pedir la independencia en sus territorios.

Otro tema tratado, fue la victoria del Valencia Club de Futbol sobre el Real Madrid en partido de liga. Todo parecía indicar que, después de una pésima campaña del equipo Che, en lo que se llevaba de campeonato liguero, últimamente, estaba viendo la luz al final del tunel.

Para sorpresa general, alguno de los Dalton confesó que aún era analmente virgen: es decir, que, como medida de prevención, aún no se había hecho la colonoscopia recomendada a la población cuando alcanza determinada edad. Un tema que dio comienzo con cierto cachondeo, derivó en un coloquio serio, hasta con aportaciones científicas.

En una fecha carnavalera, ¿cómo no deleitarse con los placeres de la carne? – aunque sólo sea de caballo o de cerdo – Pues el carnaval, cuyo significado tiene una derivación de “bacanal”,– fiesta celebrada en la antigua Roma en honor a Baco -  supone, precisamente, eso: deleitarse con los placeres de la carne, del vino… y del sexo. Una fiesta de origen pagano que con el tiempo ha ido cobrando carácter religioso; un atracón sin medida, de todo aquello que pudiera resultar placentero, durante la semana anterior a la cuaresma. - Tiempo de ayuno y continencia previo a la Pascua. “Aquí, - como diría Serrat -  el noble y el villano, el prohombre y el gusano, bailan y se dan la mano, sin importarles la facha…”

Sin embargo en Valencia, el Carnaval no es tan celebrado como en otras ciudades, aunque en el Bar Cafetería L’amistat los Dalton Buidaolles encuentren el deleite no sólo en el sentido del gusto, también en el de la vista. Las curvas voluptuosas de aquella solícita y camplaciente camarera, - de ceñido pantalón y camiseta - dio lugar a un nuevo tema de conversación, eso sí, aquí sin debate; pues parecía haber unanimidad y aprobación general. No obstante, la discripancia sólo surgió cuando se ponía en tela de juicio si los atributos más atractivos de aquella muchacha, eran naturales o, por el contrario, habían sufrido cierta alteración de volumen. Consciente ella de su poder seductor, del mismo modo que una modelo en pasarela, se movía con donaire y gallardía, embobando a la clientela, - eclusivamente masculina - que en ese momento frecuentaba el establecimiento.
 


…Y los Buidaolles, cual niños lactantes  risueños  - cuando ven aparecer el cántaro de su primer manjar - se recreaban en su embeleso. Como dice la canción: “Viejos sinvergüenzas, os veréis un día de estos con el rabo entre las piernas”. En este caso, desgustando también  el sabroso rabo de toro en su boca.



José González Fernández