domingo, 4 de marzo de 2018

Bar-Cafetería Plaza, carrer de l’Almodí, 12.Valencia. (03-03-2018)

       La mañana amaneció con fuertes rachas de viento procedente del suroeste, aunque el cielo, totalmente despejado, dejaba proyectar los rayos de un tibio sol en el centro histórico de la ciudad de Valencia, en ese sábado día tres de marzo, cuando las tracas y petardos retumbaban en sus angostas calles y en sus monumentos más emblemáticos. Era una clara señal de que las fiestas más celebradas en la ciudad estaban ya muy cerca.

            El viernes de esa misma semana, Los Dalton Buidaolles ya habían ido a almorzar a un bar poligonero de Catarroja, pero decidieron ir también el sábado por disfrutar del ambiente fallero y porque iban a ver la tercera mascletá desde un lugar privilegiado: el salón comedor de la casa de uno de ellos, cuyo balcón daba justo a la misma plaza del Ayuntamiento. Un día de fiesta que se preveía completo, ya que, después de almorzar, visitarían ese casco histórico… esa zona de la ciudad donde empezó todo.

        
    Habían elegido para almorzar el Bar Cafetería Plaza, junto a la plaza de la Almoina, centro histórico de Valencia, la más antigua, y el lugar donde se fundó la ciudad en el año 138 a.C. Recibe su nombre debido a la desaparecida casa de la limosna (almoina en valenciano), una institución medieval de carácter benéfico que repartía comida y permitía el sustento material entre los más necesitados. En su lugar existe en la actualidad el Palacio Arzobispal, junto a la Catedral y la fachada trasera de la Basílica de la Virgen, lo que fue una basílica visigótica convertida después en mezquita y posteriormente en templo cristiano. La Plaza fue el origen de una ciudad romana, cuyas ruinas se pueden contemplar en un museo al aire libre sobre el que se ha construido una alberca, cuyo suelo acristalado permite ver dichas ruinas. El conjunto museístico es de reciente de construcción y su interior puede visitarse.

 También hay que mencionar el mausoleo cruciforme en memoria de San Vicente Mártir, cuya cripta está abierta al público.

            La ciudad de Valencia – cuyo nombre original fue Valentia y en época musulmana Balansiya – fue fundada por colonos sobre una de las terrazas del río Turia. Su núcleo principal estaba en torno a la actual Plaza de la Virgen, formada por el cruce de dos calles: Cardo, desde el norte hasta el sur, y Decumano, desde el este al oeste. Llegó a alcanzar su máximo desarrollo y esplendor en la época musulmana, pero fue en la conquista de la ciudad por Jaime I cuando se creó la casa de la Almoina.
 
            El Bar-Cafetería Plaza es un local de pequeño aforo en su interior; tan solo para unas quince o veinte personas, pero con una amplia terraza, donde resulta muy agradable almorzar, comer o cenar. Muy frecuentado, debido al lugar tan turístico en el que se halla. Sin embargo, su concurrencia de público no solo se debe a su estratégica localización, también a la calidad de sus productos y a su servicio: su tortilla de patatas recién hecha – posiblemente la mejor hasta el momento probada -, sus albóndigas caseras con tomate, sus croquetas caseras de caldo de cocido y sus bocadillos de chivito, hacen de este bar un lugar selecto, en la zona más visitada de la ciudad. Si hubiera que poner algún “pero”, diríamos que en este establecimiento no sirven cremaet, posiblemente por el tiempo que lleva hacerlo en el acto. También el precio del almuerzo resulta algo más caro que en otras zonas de la ciudad, aunque esto pudo ser debido a que ese día era festivo, es posible que los días laborables esté más adaptado al nivel económico de sus clientes: funcionarios y empleados de comercio de la zona. 

            Pero la fiesta no acababa ahí, continuaría, cómo no, en casa de Mati y Nelo, que como cada año hacen gala de su hospitalidad e invitan a todos Los Buidaolles y sus respectivas parejas a presenciar, desde ese lugar privilegiado que es el balcón de su casa, una de las mascletás previa a Las Fallas. Ese disparo pirotécnico que conforma una composición ruidosa y rítmica, cuyo objetivo no es otro que el de estimular el cuerpo a través del los sentidos del oído y del olfato, pues el penetrante olor a pólvora es capaz de transportarte a la añoranza de la niñez o de la adolescencia, rememorando esos momentos únicos.

            Momentos únicos los que también vivieron Los Buidaolles ese mágico sábado. Sentados todos alrededor de una gran mesa en la que no faltaba de nada: ensaladilla rusa, empanadas, esgarraet, mojama, tortilla de patatas, jamón ibérico, frutos secos… y sobre todo cava de distintos puntos geográficos. Un vino espumoso que les invitaba a brindar por la amistad, por la relación, por la complicidad de un grupo de compañeros y, sin embargo, amigos que han encontrado la mejor receta terapéutica de todos los males: la risa. El enaltecimiento de la amistad que se refleja en la necesidad de reunirse todos los viernes y en determinados momentos excepcionales como el de ese sábado. 

            Las improvisadas canciones a la guitarra que, a coro, todos fueron capaces de cantar, crearon un clima de “buen rollo” y desinhibición que les transportaba a otra dimensión. Esa dimensión a la que la amistad es capaz de llevarte y crear una fuente de alegría, fuerza, salud y bienestar.




José González Fernández

viernes, 23 de febrero de 2018

Mesón El Barralet, C/ de Emilio Lluch, 13.Valencia. (23-02-2018)





            La mañana se presentaba soleada, a pesar de que un aire gélido barría las calles de la ciudad del Turia y penetraba en los ateridos cuerpos de los viandantes por mucha ropa de abrigo que estos llevaran puesta. A las diez de la mañana, el mercurio no subía de los cinco grados centígrados, y eso en Valencia suele ser mucho frío. Un frío propio del invernal mes, que transcurría con escasas precipitaciones en la zona de Levante, aunque en otras latitudes, la blanca y pálida dama se manifestara con una intermitente aparición.

            Sin embargo, las inclemencias del clima no fueron un obstáculo para que aquella mañana del 23 de febrero  –tan histórica y transcendental fecha en el devenir de nuestra democracia–, Los Dalton Buidaolles se dirigieran a almorzar como cada viernes. Esta vez con la incorporación de dos nuevos miembros que se animaron a unirse a la banda. El lugar elegido en esta ocasión fue el “Mesón El Barralet”, en el barrio de Tres Forques y, en concreto, en la calle de Emilio Lluch, nº 13. En este local, a diferencia de otros establecimientos, es el camarero quien te anuncia las diversas viandas que te pueden servir en ese momento, y tú eliges sin previamente ver el producto.
 
Tres Forques – Tres Horcas en castellano –, es un barrio de la ciudad de Valencia que pertenece al distrito de La Olivereta, situado al oeste de la ciudad. Fue hasta los años setenta una zona de huerta por la que atravesaba la línea de ferrocarril entre Valencia y Utiel. En la actualidad, una zona muy poblada con todo tipo de servicios. 

            En un amplio espacio ajardinado, con un monumento en forma de estructura metálica y abierta al tráfico rodado por un lateral, se encuentra el Mesón El Barralet. Un local que toma su nombre del representativo y pintoresco recipiente donde se tomaba en común la bebida –también llamado porrón o barral–, y que en algunos establecimientos ya visitados aún sigue existiendo. Sin embargo, en este local de pequeño aforo; fundado en los años ochenta, no existe ni siquiera en su decoración. Se le ha querido dar a su interior un toque rústico o huertano: ristras de ajos, jamones, plantas aromáticas… pero su cocina no deja de ser rápida y de ciudad, sin ninguna elaboración casera y con la total ausencia del detalle gastronómico que identifique al establecimiento con el típico mesón que pretende ser.

 Aquí podemos ver unos bocadillos de “chivito” de no gran longitud - como se puede apreciar por el tamaño de las gafas -, con mucho pan y poco relleno. Además, ni siquiera llevaban all i olli, era mayonesa.  Otro también, de calamares a la romana, correosos estos y con mal rebozado. Y en cuanto al pan; crujiente sí, pero la típica media barra con aristas duras que te producen heridas en las encías, poco adecuado para un bocata que se ha de comer con cierta celeridad. Porque ese es otro inconveniente del establecimiento: el servicio de camareros da la impresión de que te quiera despachar cuanto antes, para que se queden libres el escaso número de incómodas mesas, en las que difícilmente pudieron acomodarse los nueve miembros del grupo.

            Pero para colmo, el mayor desencanto de este no recomendable establecimiento, no está en sus productos, está en su precio, pues el almuerzo ofrece la peor relación calidad-precio de los, hasta el momento, visitados. Posiblemente, a lo largo de los treinta años en los que viene funcionando este local, no se haya aprendido lo suficiente en aspectos culinarios o en técnicas de captación del cliente; tal vez no les haya hecho mucha falta, al estar ubicado en una zona urbana muy poblada donde este llega sin necesidad de reclamo; tal vez cuenten habitualmente con un público de estómago agradecido y poco exigente; tal vez, en estos tiempos aún de crisis, les sobre el público y no quieran atender a más gente.

            En la tertulia de ese día no se pudo dejar de hablar de música; no en vano se contaba con la presencia de expertos musicólogos, estudiosos del género y doctos en algunos estilos hasta rozar el frikismo. Los partidarios de The Beatles; considerándoles padres de la música pop/rock, y precursores de otros estilos que se han generado posteriormente, en contrapunto con algún detractor que manifestó no soportar oír un disco completo de ellos.   También se habló de la reciente gira por España de las famosas estrellas del Blues: Ben Harper y Charlie Musselwhite, sin la posibilidad de conseguir entradas en Madrid o Barcelona, al estar todas ya vendidas.

            Otro tema tratado fue la manifestación de jubilados en las ciudades más importantes de España, quienes protestaban ante el Gobierno por la pérdida de su poder adquisitivo. También se habló del ertzaina fallecido como consecuencia de los altercados en Bilbao de los hinchas del Spartak de Moscú y el Atletic de Bilbao.

            Todo esto en un frío aunque soleado día, en el que los Buidaolles crecen en número y en sintonía, haciendo extensiva esa magnífica actividad de compartir el momento más entrañable y onírico de la semana.

José González Fernández

viernes, 16 de febrero de 2018

Bar Los Roques, C/ Ignacio Zuloaga, 21. Valencia. (16-02-2018)

 
El crudo invierno había dado una tregua en la templada mañana del viernes 16 de febrero, cuando el mermado grupo de Los Dalton Buidaolles se dirigía al Bar Los Roques, en la barriada de Nazaret. Las lesiones, lumbalgias y resfriados habían hecho mella en la banda, sin que esto fuera óbice para que la actividad semanal se cumpliera con arreglo a la costumbre y tradición. 


            Era la segunda vez que visitaban el barrio de Nazaret  - la primera fue el día 7 de octubre de 2016 cuando fueron al Bar Aquilino -,  un humilde barrio del que ya se habló en la crónica que en ese día se hizo. 


            El Bar Los Roques es de apariencia modesta, pero cuenta con una amplia carta. Al estar ubicado en un barrio de pescadores, tan cercano al mar, el almuerzo de ese día, como no podría ser de otra manera, estaba compuesto por las delicias del mar. En vez de bocadillos pidieron diversos platos: sepia a la plancha y pescadito frito variado, ambos para compartir, y raciones individuales de bacalao rebozado, con su correspondiente terrina de ajoaceite casero. Todo ello acompañado de la cerveza y, como siempre, el café o cremaet al final del almuerzo para rematar la faena. 


            Teniendo en cuenta el buen saque y apetito voraz de los Buidaolles, las raciones para compartir no destacaron precisamente por su abundancia, más bien al contrario, un tanto escasas teniendo en cuenta que eran para cinco personas. En cuanto a la individual de bacalao, no estuvo mal, pero con gran cantidad de espinas y demasiado cocinado; una pena, porque estaba bien desalado y con algo menos de cocción hubiera estado más jugoso y sabroso. 
 

            También se echaron en falta los cacahuetes, olivas y variantes que se suelen ofrecer para almorzar.


La cara se les quedó a Los Buidaolles como la del pez del dibujo del ticket de la cuenta, cuando, con gafas de cerca, pudieron comprobar su importe: 12,50 € por cabeza, muy superior a la media habitual.





Como siempre, disfrutaron de una animada y variada conversación.  Se habló de cine, en concreto de la película “El buscavidas”; cuando “Eddie el Relámpago” reta al “Gordo de Minesota”. Y todo esto en relación con el comentario de algún compañero que suele decir: "En cultura musical a mí nadie me moja la oreja”. 


Una vez más, el grupo manifestó su preocupación por el problema de las pensiones. También se habló de la ley que regula el sistema electoral actual en España y de las voces que propugnan su cambio a un sistema de listas abiertas y representación proporcional al número de votos obtenidos.


         No les podía pasar inadvertido el suceso de la masacre en un instituto de EEUU, haciendo una reflexión sobre la libertad de tenencia de armas. 


          Un viernes más, la banda de Los Dalton Buidaolles se disuelve con un apretón de manos y una sonrisa, para volver cada uno a sus quehaceres, a sus prisas, a sus obligaciones familiares de recoger a nietos del cole... al pulso de lo cotidiano.





José González Fernández

lunes, 12 de febrero de 2018

Bar Click, C/ Pintor Vilar, 14. Valencia. (09-02-2018)


             Por fin llegó el crudo y duro invierno a toda la Penísula, con temperaturas inferiores a los cero grados en la Meseta. El manto blanco había cubierto la mayoría de las provincias, en altitudes superiores a los cuatrocientos metros, a lo largo de la semana anterior al día 9 de febrero. También a nivel del mar, en la ciudad del Turia, se hacía preciso sacar del armario bufandas y guantes para salir a la calle en esa fresca mañana en la que Los Dalton Buidaolles se dirigían al Bar Click para tomar su habitual esmorzaret.



            En la calle Pintor Vilar del barrio de La Trinidad, muy cerca del Bar Click y junto a la iglesia del Carmen, se encentra el lugar donde, en su día, estuvo el estadio de Vallejo; en el que jugara el Levante UD hasta el año 1968, y, en algunas temporadas, en primera división. Por allí pasaron los mejores equipos y jugadores de la época. El nuevo estadio se construyo en el extrarradio, al norte de la ciudad, pero en la actualidad se encuentra integrado dentro de la propia ciudad.



            La calle Pintor Vilar desemboca al Este en el Jardín del Real, cuyo nombre se debe a que hasta 1810 estuvo el Palacio Real. La zona es más conocida como Los Viveros, un lugar con gran variedad de árboles centenarios, plantas y flores de todo tipo.



            El Bar Click es un local de reducida dimensión, que rápidamente llena su aforo de clientes, quienes son atendidos por la cocinera y un camarero para la barra y las mesas. Sin embargo, hemos de valorar la rapidez del servicio y el agrado del camarero, supuestamente, dueño del local. 
 


            Podemos destacar en el Bar Click la gran variedad de productos para el almuerzo: tortillas de varias clases, productos del mar – sobre todo cefalópodos -, productos cárnicos, etc. El crujiente y recién hecho pan hace que cualquier bocadillo, al que se le añadan esos productos con la guarnición de patatas, pimientos o habas tiernas, se convierta en una explosión para los sentidos. Por último, hablar de su precio asequible, tanto, que sale más barato comer allí que en casa.



            Entre otros muchos temas que los Buidaolles trataron ese día destacamos el de la problemática de las pensiones de jubilados. No en vano, alguno de ellos ya lo está, y otros se encuentran próximos a esa agridulce edad.  El punto de discusión fue el de la hucha que en los años de bonanza económica se constituyó para el pago de las mismas. Hucha que parece estar tocando fondo a causa de la crisis económica y del crecimiento del número de pensionistas.  Había voces que apuntaban a que el Gobierno había saqueado esa reserva de dinero, y otras que defendían que el mismo fue reservado para ser utilizado en caso de necesidad. Sin embargo, la preocupación real se centraba en qué pasará en el futuro cuando dicha hucha se agote del todo y no haya población activa suficiente que mantenga a las clases pasivas: ¿Se creará una ley que permita la financiación a través de los presupuestos generales del Estado? Parece que los políticos no terminan de ponerse de acuerdo, como tampoco Los Buidaolles; pues algunos argumentaban que esto puede llegar a ser complejo, puesto que ya contamos con exceso de deuda pública, mientras que otros mantenían que si se sale de la crisis económica, tal y como parece estar ocurriendo, no habrá problema, pues entonces se volverá a conseguir superávit presupuestario y habrá dinero para volver a crear otra hucha o para hacer esa ley de financiación de las pensiones.




            Algún tímido rayo de sol comenzaba a templar la mañana cuando Los Buidaolles procedían a sacarse la habitual foto de grupo en la puerta del Bar Click.



José González Fernández

sábado, 27 de enero de 2018

Bar-restarurante Mestalla, C/ Micer Mascó, 25, Valencia. (26-01-2018)

    Caminar bajo la fina y asperjada lluvia matinal, resultaba todo un placer en ese seco invierno levantino del día 26 de enero. Sin embargo, ir en bici resultaba arriesgado debido a la superficie deslizante que se formaba en algunas zonas de la calzada y en los carriles bici, no aptos para estas inclemencias del tiempo.



            El lugar que este día visitaban Los Dalton Buidaolles se encuentra en una zona muy concurrida y poblada del casco urbano. Aparcar allí con el coche a esas horas de la mañana suele ser una odisea y, sobre todo, en un día lluvioso. El Bar-restaurante Mestalla se encuentra en la calle Micer Mascó, 25, en el barrio homónimo; que toman su nombre de una de las ocho acequias del río Turia, la cual pasa soterrada por las inmediaciones.  El céntrico barrio está en el distrito de El Pla del Real, en el noroeste de la ciudad.




            Sin embargo, tal vez no sea la importancia histórica del ancestral sistema de regadío lo que da fama y prestigio al conocido barrio. El lugar es mundialmente conocido debido a que allí mismo se encuentra el estadio del Valencia C.F. No en vano, el propio Bar está dedicado a las gestas que el equipo ha realizado a lo largo de su historia.  Toda su decoración está referida a las fotos de los grandes momentos y a los jugadores que han logrado sus éxitos.



            El establecimiento ofrece una amplia gama de productos para el almuerzo; tanto del mar como de la tierra; tanto hipercalóricos como otros recomendables en cualquier dieta. Gran calidad y sabor muestran aquellos tales como: sepia, calamares o chipirones; o sus tortillas de patatas gigantes. Todo ello a un precio muy económico, a pesar de la carestía en el mercado de los cefalópodos; por lo que su relación calidad-precio es difícil de encontrar en esa zona de la ciudad tan poblada.  Si hubiera que poner algún “pero” hablaríamos del pan; ese día estaba un tanto correoso y poco crujiente, es posible que el grado de humedad del día influyera en ello, o que llevara elaborado de ocho a diez horas.



            Destacar también del Bar Mestalla sus simpáticas y solícitas camareras, todo un ejemplo de eficiencia y buen semblante; y que, además, te tratan como si te conocieran de toda la vida.



Un establecimiento en el que sus iconos futboleros se mezclan con una decoración de motivos huertanos y pesqueros. La huerta, el mar, el futbol… símbolos de un barrio cosmopolita y universitario, que en la actualidad vive del comercio, de las hostelería y los negocios.



Estando en tal recinto y tan cerca del estadio, el principal tema a tratar no podía ser otro que el futbol. Precisamente al día siguiente el Valencia se enfrentaría, allí mismo, al Real Madrid. Un Real Madrid en horas bajas que venía de ser eliminado en la Copa del Rey por el Leganés. ¿Aprovecharía el Valencia la decadencia del equipo merengue o se enfrentaría a la fiera herida? Gran expectación había en toda la zona, y buena ocasión para pasarse por taquilla y sacar la entrada, si es que no se habían vendido ya todas.



También se habló de las grandes potencias emergentes que, supuestamente, en un futuro próximo mandarían en el mundo, como era el caso de China, Rusia y La India.




Se habló también de la influencia de las redes sociales en las relaciones personales, en los contactos amorosos y, como consecuencia, en las uniones más o menos duraderas entre personas heterosexuales y homosexuales. De la facilidad en contactar y de los peligros que, a veces, conllevaban esas aventuras de citas a ciegas. Todo ello digno de algún estudio sociológico que bien pudiera ser objeto de algún opúsculo literario o científico.

Todo en una húmeda mañana en la que, por la tarde, unos tímidos rayos de sol volverían a templar la Ciudad.

José González Fernández




sábado, 20 de enero de 2018

Bar-restarurante Manicomi, C/ Beato Nicolás Factor, 18, Valencia. (19-01-2018)

El sol lucía con todo su esplendor e invitaba a pasear a pie o en bici la mañana del día 19 de enero, cuando Los Dalton Buidaolles visitaban un nuevo establecimiento, en el distrito de Jesús, a la hora del esmorzaret. Nuevo, por ser la primera vez que lo frecuentaban, nuevo, porque solo llevaba algo más de un mes abierto.



            El distrito de Jesús es el nombre que recibe una zona muy poblada al suroeste de la ciudad, formada por diversos barrios e integrada dentro del casco urbano. Toma su nombre de la Iglesia de Santa María de Jesús y del convento anexo, aunque esta se encuentra, por escasos metros, dentro del distrito de Patraix.



            El Bar-restaurante Manicomi es un lugar especial, distinto a cualquier otro bar, tasca o mesón de los hasta el momento visitados. Su originalidad parte de su propio nombre, pues de todos los lugareños es conocido el antiguo manicomio que se encontraba en la zona, junto a la iglesia y convento; aún permanecen parte de sus instalaciones en estado ruinoso, y alguna zona rehabilitada y convertida en centro de salud y otros organismos públicos. El sanatorio psiquiátrico provincial fue fundado por el Padre Jofré, de quien tomó su nombre, en el año 1.409; el más antiguo del mundo según el diario El País.



            ¿Qué decir del Bar-restaurante Manicomi? Ningún lugar de los visitados hasta el momento se parece a este. No busquen aquí la típica taberna de huertanos o pescadores que durante lustros se abarrota en horas punta de almuerzos y otros festejos gastronómicos. El clima acogedor de Manicomi se produce por su música ambiental suave y relajada - fundamentalmente de jazz-, y su decoración con motivos también musicales.   Lugar para charlar, para leer mientras esperas o, simplemente, para recibir ese alimento del alma que es la música. Un sitio que enganchó, nada más entrar, a Los Buidaolles; tan amantes y seguidores de la buena música. Un local ideal para relajarse; para calmar esa vida loca que llevamos, sin darnos cuenta, con el pulso de lo cotidiano.



            Pero Manicomi es algo más. El toque elaborado de sus productos, también marca la diferencia con respecto a otros establecimientos; aquí la cantidad no es lo importante, pues su cocina se centra más en la calidad, en el detalle, en la presentación, en distinguir sus productos con respecto a otros de la competencia… Todo esto es lo que hace que el eslogan que pone en el rótulo de la entrada: “bojos pel menjar”, se convierta en un axioma que hace honor a la realidad.  Los Buidaolles tuvieron la oportunidad de degustar su espectacular bocadillo de la casa. Una autentica locura; no por el tamaño, sí por la extravagancia de su mezcla. ¿Quién podría pensar que el maridaje de calamares a la romana con morcilla iba a resultar tan explosivo? Esos paladares tan refinados que nunca se atreven a comer a la vez carne y pescado, podrían quedar casi extasiados al experimentar las sensaciones que ese producto, tan maltratado como la morcilla, es capaz de crear cuando se combina con el crujiente calamar rebozado. Como ya se dijo en su momento: la morcilla ¡gran señora! digna de veneración, ilustre y rica, pero si la traidora pica o se repite, ya no es tan bien recibida. En este caso, acompañada por una salsa rosa – en contrapunto al tradicional all i olli – le daba un toque especial a un bocadillo de pan blando recién hecho, al estilo del famoso Mollete de Antequera.



            La prestancia y dedicación se manifiesta también, en este templo del buen yantar, en la elaboración de su cremaet. La canela en rama, el café, el limón, el ron…se perciben por separado en su justo punto de calor, color y sabor. No en vano podemos observar aquí en esta foto cómo se quema el alcohol en el acto, lo que le da al producto su toque de calidad al ser reciente.



            Otros detalles de este establecimiento son: el obsequio de un chupito o una galleta para el café o cremaet, o, simplemente, el hecho de que el cocinero salga a interesarse por nuestro grado de satisfacción.








            ¿Quién se atrevió a decir que Los Dalton Buidaolles eran una sociedad gastronómica exclusiva de hombres? Aquí podemos ver en esta foto que no es cierto, pues en el almuerzo de este día podemos observar la grata presencia de una compañera, quien también se quiso unir por unos momentos, a la habitual tertulia en la que, ese día, abundaban más las bromas y las risas que los temas de reflexión.






            Un día más, un viernes más… en un lugar original e insólito de los que, en ocasiones, esta ciudad puede sorprenderte, sin necesidad de buscar establecimientos de gran renombre o con estrellas michelín.





 
 José González Fernández

sábado, 13 de enero de 2018

Tasca Don Jamón, Paiporta, Valencia. (12-01-2018)



A más de un mes de la última crónica de primeros de diciembre, volvemos de nuevo a la carga con nuevos lugares y anécdotas relacionadas con el esmorzaret de Los Dalton Buidaolles. Sin embargo, este tiempo de silencio no significa que, como cada viernes, no se hayan reunido para almorzar, pues a excepción del periodo vacacional, se han dado cita en otras dos ocasiones, lo que ocurre es que al tratarse de establecimientos ya visitados anteriormente, se optó por no volver a hacer crónica de los mismos.



La mañana del viernes día 12 de enero se presentaba muy fría, aunque soleada, pues inclemencias climatológicas en otras latitudes – con nevadas en las cumbres y cortes de carreteras y autopistas –,  traía hasta la costa ese aire gélido que, a las diez de la mañana, obligaba a cubrirse la testa y a taparse la boca. Sin embargo, eso de taparse la boca no se daba en todos los Buidaolles, pues la locuacidad de alguno de ellos le impedía mantener el orificio oral cerrado, y mucho menos cubierto.



La visita de este día correspondía a la Tasca Don Jamón, en la plaza de la Iglesia de San Jordi de Paiporta (Valencia), un lugar que huele a jamón desde que entras por la puerta, porque esa es, precisamente, su especialidad: la tostada de jamón con aceite y tomate. Un jamón cortado con esmero y precisión al estilo artesanal y como mandan los cánones de esta actividad, que en otras zonas de España viene siendo un oficio.



Pero además de este delicioso producto, que nos aporta nuestro buen amigo el cerdo, la Tasca Don Jamón ofrece una amplia variedad de viandas con diverso valor nutricional y calórico. No en vano son muchas las personas que acuden a almorzar, hasta el punto de que, en determinados momentos, hay que esperar para poder coger mesa. Y todo ello por su insuperable relación calidad-precio; pues a pesar de que el jamón no podría tener la consideración de ibérico, resulta bastante aceptable y digno para un buen “pan tumaca”.



También cabe destacar el buen servicio y la predisposición de las dos eficientes y simpáticas camareras, que se desviven por atenderte lo antes posible y te indican el autoservicio de cacahuetes y aceitunas, para que los jugos gástricos no afloren con la espera. 


Un viernes más en esta localidad de Paiporta, de la que ya se habló ampliamente en la crónica del día 25 de noviembre de 2016; esa vez que estuvieron en el restaurante del Hostal Bonavista. Un día más en el que Los Dalton Buidaolles mantienen en su tertulia el recuerdo de un compañero fallecido en estos días de Navidad.  


También fueron objeto de comentario las declaraciones de la actriz francesa Catherine Deneuve, en un manifiesto firmado por ella y por otras muchas actrices francesas en el diario Le Monde, con el fin de - desde su punto de vista - frenar el puritanismo y contra la campaña llevada a cabo por grupos de feministas que denuncian los abusos sexuales.  Un aspecto polémico y debatido en la tertulia, con posiciones a favor y en contra de dichas declaraciones.



Pero todo ello en un clima de amistad, cordialidad y compañerismo, como viene siendo habitual en este grupo que suele variar en su número de asistentes de unas semanas a otras, pero que mantiene la tradición del añorado esmorzaret semanal.



José González Fernández