sábado, 21 de enero de 2017

CASA TERE (BARRIO DE MALILLA) 16/12/2016
El cielo cubierto de nubes impedía a su majestad, el astro sol, hacer acto de presencia en la mañana de un viernes que olía a Navidad y a invierno. El líquido elemento, tímidamente salpicaba el asfalto cuando, tras unos días de tregua, llovía sobre mojado en la ciudad de Valencia. No era más que el preámbulo de lo que llegaría después: tormentas de rayos y truenos acompañadas de abundantes precipitaciones que azotaron a toda la costa levantina durante ese día y los cuatro siguientes.
Sin embargo, esto no sería un obstáculo para que Los Dalton Buidaolles, como cada viernes, iniciaran su encuentro en busca del deseado esmorzaret. Esta vez se dirigen a pie al barrio de Malilla, cercano al Instituto.
El barrio de Malilla, al sur de la Ciudad, cuenta con una población de 23.000 habitantes, en una zona de alta expansión y especulación urbanística cuyo origen se remonta a la época andalusí, en la que existía cerca de Ruzafa un rahal denominado “Malilla”, siendo donado por Jaime I, junto a las tierras de labranza, a las personas que vinieron a repoblar Valencia en el año 1238. Su nombre procede del camino que unía a las alquerías con Ruzafa, llamado “Camino viejo de Malilla” y posteriormente “Carrera Malilla”; una vía con adoquines hasta 1975, año en el que fue asfaltada.
Tras la riada de 1957 se lleva a cabo el Plan Sur, con el fin de desviar el cauce del río Turia y evitar las inundaciones en la ciudad. La división de tierras por dicho cauce, dio lugar a la formación del barrio. Una zona en la que siempre han existido aguas subterráneas, producto de una de las ocho acequias del río Turia; la de Favara, que desaparece en este barrio para volver a aparecer, recuperando su trazado original en la amplia zona regable de Benetúser y Alfafar. En Malilla aún se mantienen los canales o regadoras que conectan con dicha acequia, los cuales llevan agua a las distintas parcelas.
En la actualidad se está llevando a cabo, en la zona norte de este barrio, la construcción de un centro de interpretación o parque urbano con la estructura de huerto-jardín; una exposición al aire libre a escala real de lo que ha sido Valencia y su huerta, manteniendo y revitalizando su sistema histórico de canales dentro del entorno paisajístico.
En el barrio de Malilla, en la calle Juan Ramón Jiménez, 73 se encuentra Casa Tere, un lugar donde el almuerzo es tan barato porque, según nos comenta el dueño del negocio, se han tenido que adaptar a los duros tiempos de la crisis. Una crisis que ha azotado a la zona, paralizando cualquier iniciativa de construcción privada. Sin embargo, la calidad de los productos que ofrece se mantiene inalterable. Sirva de ejemplo esa tortilla de patatas entre el recién hecho pan; una delicia para el paladar y, de manera inexplicable, fácil de digerir. Un rico bocadillo con pimientos y panceta que ayuda a continuar la jornada y que da pie para que alguno de Los Dalton ayune hasta la hora de la cena, pues ese día tocaba también la tradicional cena de empresa. Una de esas cenas que sirven para reunir a una parte de la plantilla una vez al año; que ayudan a fomentar las relaciones informales y que luego surten efecto en las dinámicas de equipos de trabajo, pero que al mismo tiempo favorecen el consumismo navideño y no cubren las expectativas en cuanto en la relación calidad-precio.
Los Dalton Buidaolles prefieren siempre “las nueces al ruido” y, además de asistir a las protocolarias cenas, también acuden en la mañana del viernes, como si de un ritual religioso se tratara, a este local que, por su decoración, nos recuerda que ha llegado la Navidad, algo que significa vacaciones y que en pocos días llegarán esos sorteos de lotería que mantienen la ilusión y hacen que todo el mundo sueñe con que su vida va a cambiar. Pero también significa que es tiempo de reuniones familiares: con su alegría, con la pena por el que falta, con los brindis, con los besos, con las riñas… y con la práctica de todos los conjuros y rituales para recibir el nuevo año.

José González Fernández
CASA BAINA (PORT DE CATARROJA) 8/12/2016

Catarroja, municipio muy cercano a la capital, en la comarca de la Huerta Sur. Una población de 27.000 habitantes cuyo origen se sitúa en la época romana, como así se constata en los restos arqueológicos hallados en “El Huerto de Pepica”; aunque una gran parte de ellos fueron saqueados y vendidos a coleccionistas. Su proximidad a la albufera ha propiciado que desde siempre la economía haya estado basada en la pesca y en la agricultura, con el monocultivo del arroz. Sin embargo, en la actualidad, son los sectores industrial y servicios en los que se concentra la mayor parte de su población activa.

Sus monumentos del siglo XVIII: Iglesia de San Miguel, Palacio de Vivanco, entre otros, dan fe de que Catarroja no surge como consecuencia de la eclosión urbanística de la Capital y el hacinamiento de los emigrantes que llegaban y se instalaban en torno a las fábricas. No obstante, a partir de 1950, poco a poco, el inexorable crecimiento de la tercera ciudad española, da lugar a que diversos municipios como Catarroja acorten sus distancias y se unan a la misma a través de los polígonos industriales, las carreteras, los puentes y los medios de transporte. 
Una de las características más importantes de este municipio es el hecho de estar en el marjal de la Albufera, una fuente de vida y riqueza para la localidad durante tantos años. Un parque natural desde 1986 que ha sobrevivido a la presión urbanística y a las agresiones contaminantes de tantas industrias que, sin control, han vertido en ella sus aguas residuales. - Problema solucionado actualmente, en parte, gracias a la depuración de las mismas – 
La Albufera es el lago de agua dulce más grande de España y una de las zonas húmedas más importantes de la península debido a su amplia biodiversidad: Garzas, gaviotas, patos, cigüeñas… se dan cita en este cálido lugar de espectacular paisaje. Su nombre “Albufera” procede del árabe, y significa “Pequeño Mar”. Eso es en realidad este estanque; un mar de agua dulce o algo salobre, separada del litoral por una lengua arenosa que es la Dehesa del Saler. Aquí, la interacción del hombre y la naturaleza han generado un paisaje de excepcional interés, debido al contraste entre la vegetación y la fauna salvaje por una parte, y los cultivos por otra. De noche, es el mejor espejo en el que se mira “la luna de Valencia”; de día, los destellos de los rayos del sol proyectados en sus aguas, producen un efecto de reflexión multicolor, dándole al entorno ese aspecto áureo que le caracteriza.

El cultivo de arroz unido a la pesca, ha sido durante siglos el sostén de todas las poblaciones de la huerta-sur, y de una gran parte del territorio valenciano.
Las barcazas permanecen amarradas en el mismo sitio desde hace más de sesenta años, pero ahora no sólo se dedican a la pesca, - en su mayor parte deportiva – sino que se emplean para pasear a los turistas; el mismo tipo de embarcación, - parecido a la góndola veneciana – se viene utilizando desde hace siglos, con la diferencia de que antes eran impulsadas por el viento y ahora suelen llevar motor.
Más de sesenta años lleva también, justo en la misma orilla de la Albufera, en el Camí del Port, “Casa Baina”; un lugar especializado en All i Pebre y Arroz en Perol, dos platos típicos de la gastronomía huertana, cuyo origen se encuentra en los poblados  que circundan estas tranquilas aguas. Sin apenas reformas en su interior, el gran comedor de este establecimiento se mantiene con su austera decoración de fotografías en sus paredes, que evocan aquellos tiempos en los que los pescadores y huertanos se refugiaban aquí para almorzar o, simplemente, para jugar su partida de cartas después de su jornada laboral. Fieles a la tradición, e intentando emularles.
 Los Dalton Buidaolles visitan
este bucólico lugar cargado de historia y buenas costumbres culinarias. Como no podía ser de otra manera, todos se ponen de acuerdo en pedir el plato estrella: la enorme cazuela de All i Pebre, ese genuino producto de la zona, cuya base principal es la anguila que se pesca en las cercanas aguas. El guiso lleva también patatas, ajos, guindillas picantes, pimentón dulce, almendras picadas y aceite de oliva. La dueña del local nos comenta, que el secreto de que allí se sirva uno de los mejores All i Pebres de Valencia, reside en la calidad del producto y en su cocinado a fuego lento.

Merece la pena ir a comer a Casa Baina por algo más que las bondades de su cocina. La satisfacción no sólo se basa en llenar la panza, aquí se produce el deleite sensorial. La suave brisa que acaricia la piel y el olor a mar, unido a las increíbles vistas, elevan el momento a la altura de un festival orgásmico de los sentidos, en el que el propio paraje proporciona un relax y una paz difíciles de conseguir a pocos kilómetros en la gran ciudad.

José González Fernández
Bar Mari (Fuente de San Luis) 2 de diciembre de 2016

Tras una semana de abundantes precipitaciones, rayos y truenos en la ciudad del Turia, unos se acuerdan de Santa Bárbara y otros de Rita Barberá, pues en la tormenta de un solo día cayó tanta agua como en todo el año. ¿Tendría algo que ver en todo esto el poder omnímodo de la desaparecida ex alcaldesa?
 Pero por fin llega una mañana espléndida en la que el sol luce con intensidad, secando los charcos y lodos acumulados en diversas latitudes.
 Lodo también el que dejó el diluvio de debates en torno al fallecimiento de Fidel Castro. Sin lugar a dudas un momento histórico en torno a un controvertido personaje a escala mundial, con tantos seguidores como detractores. Unos descorchaban botellas porque entendían que había muerto un dictador, otros lloraban la pérdida de un padre, aunque para los primeros, los segundos estaban padeciendo el síndrome de Estocolmo.

Otro tema en las tertulias de este viernes fue el accidente aéreo en el que se estrelló, cerca de Medellín (Colombia), el avión que transportaba al equipo de futbol brasileño del Chapecoense. El equipo iba a disputar en esa ciudad el partido de ida de la final de la Copa Sudamérica.
No obstante, a pesar del soleado día, el frío se dejaba notar en el momento en que Los Dalton Buidaolles se dirigían al Bar Mari de Fonteta de Sant Lluís. A juzgar por su invernal atuendo de chaquetones y gorras, era evidente que estaban a las puertas del invierno. Iban a pie hacia el Bar por estar éste en el mismo barrio que el Instituto, aunque separados por la avenida de Antonio Ferrandis. Fonteta de Sant Lluís es una barriada de Valencia del distrito Cuatre Carreres que cuenta con una población de 3.100 habitantes. El origen de este poblado  data del año 1579 y debe su nombre a San Luis Bertrán, un dominico valenciano que fue canonizado por el papa Clemente X. Su actividad fundamental fue como misionero en las tierras colonizadas de América, mediando en los desmanes de los conquistadores y su opresión hacia los indígenas.

Según la tradición oral, cuando regresó a su ciudad natal; un día que estaba muy enfermo, bebió agua de la fuente, en el camino de Ruzafa a la Albufera, y se le quitaron todos sus males. Desde entonces, fue considerada como milagrosa. Sin embargo, el aspecto que hoy presenta es lamentable, expuesta a todo tipo de actos vandálicos. La devoción popular en torno a este santo, hizo posible que en el paraje se construyera una ermita en el siglo XVII, en torno a la cual se formó un caserío que fue el origen de la actual población. En 1902 se erigió, sobre las ruinas de la antigua ermita, la actual iglesia, elevándose a la categoría de parroquia.

Sin embargo, en las últimas décadas, el nombre del barrio se ha dado más a conocer por el pabellón de deportes existente en la zona, donde juega el Valencia Basked, siendo pocas las personas que conocen el lugar donde está la Fonteta que da nombre al barrio.

El Bar Mari, en la calle Grabador Jordán, 42, cuenta con 55 años de antigüedad, ofreciendo a sus clientes almuerzos y comidas de calidad, decorado con aperos de labranza y utensilios domésticos, algo que recuerda las actividades laborales y domésticas del lugar en la época en que el establecimiento se fundó.  

Entre una amplia variedad de raciones y bocadillos, el Bar Mari nos ofrece un producto estrella en función del día de la semana. Por ejemplo: los martes, ofrece calamar rebozado; y los miércoles y sábados carne de caballo. Pero este viernes, el bocadillo que destaca es el de sangre con cebolla y berenjenas rebozadas. La sangre de cerdo tiene un alto contenido en hierro y aporta numerosos nutrientes. Es, por tanto, un plato sano y muy recomendable para personas con falta de glóbulos rojos.


Es de destacar en este establecimiento, la gran cantidad de fotos en las que aparecen cantantes y grupos tales como: Miguel Bosé, Mecano, Presuntos Implicados, Enrique Iglesias… Llama la atención verles visitando el local y junto a alguno de los camareros o del propietario del negocio.  Una camarera nos aclara esta curiosidad. Se da la circunstancia de que por allí pasan muchos famosos del mundo de la música, puesto que el estudio de grabación musical Millenia, es vecino del Bar en pared medianera. Por lo que la mayoría de los cantantes que lo frecuentan suelen hacer una parada en el típico establecimiento.

Un viernes más Los Dalton Buidaolles, en otro de los lugares de culto y obligada visita, llegan al final del almuerzo con el habitual café, manteniendo su animada tertulia que abarca no sólo a los temas de más candente actualidad en la semana, también hablan del último disco de Rolling Stones o de alguna que otra película antigua, nacional o internacional. Un templo gastronómico más en un lugar periférico de la ciudad, pero bien equipado de servicios y comunicaciones. Lo que en su día fue exclusivamente un lugar de culto y peregrinaje para curar enfermedades con el agua milagrosa de la fuente, hoy es una zona poblada de la ciudad, una barriada que no coge de paso para ir a ninguna otra parte, - pues se encuentra acotada entre la avenida, la vía del tren y la huerta - pero que la visita a la misma resulta de gran interés.  
José González Fernández