sábado, 13 de enero de 2018

Tasca Don Jamón, Paiporta, Valencia. (12-01-2018)



A más de un mes de la última crónica de primeros de diciembre, volvemos de nuevo a la carga con nuevos lugares y anécdotas relacionadas con el esmorzaret de Los Dalton Buidaolles. Sin embargo, este tiempo de silencio no significa que, como cada viernes, no se hayan reunido para almorzar, pues a excepción del periodo vacacional, se han dado cita en otras dos ocasiones, lo que ocurre es que al tratarse de establecimientos ya visitados anteriormente, se optó por no volver a hacer crónica de los mismos.



La mañana del viernes día 12 de enero se presentaba muy fría, aunque soleada, pues inclemencias climatológicas en otras latitudes – con nevadas en las cumbres y cortes de carreteras y autopistas –,  traía hasta la costa ese aire gélido que, a las diez de la mañana, obligaba a cubrirse la testa y a taparse la boca. Sin embargo, eso de taparse la boca no se daba en todos los Buidaolles, pues la locuacidad de alguno de ellos le impedía mantener el orificio oral cerrado, y mucho menos cubierto.



La visita de este día correspondía a la Tasca Don Jamón, en la plaza de la Iglesia de San Jordi de Paiporta (Valencia), un lugar que huele a jamón desde que entras por la puerta, porque esa es, precisamente, su especialidad: la tostada de jamón con aceite y tomate. Un jamón cortado con esmero y precisión al estilo artesanal y como mandan los cánones de esta actividad, que en otras zonas de España viene siendo un oficio.



Pero además de este delicioso producto, que nos aporta nuestro buen amigo el cerdo, la Tasca Don Jamón ofrece una amplia variedad de viandas con diverso valor nutricional y calórico. No en vano son muchas las personas que acuden a almorzar, hasta el punto de que, en determinados momentos, hay que esperar para poder coger mesa. Y todo ello por su insuperable relación calidad-precio; pues a pesar de que el jamón no podría tener la consideración de ibérico, resulta bastante aceptable y digno para un buen “pan tumaca”.



También cabe destacar el buen servicio y la predisposición de las dos eficientes y simpáticas camareras, que se desviven por atenderte lo antes posible y te indican el autoservicio de cacahuetes y aceitunas, para que los jugos gástricos no afloren con la espera. 


Un viernes más en esta localidad de Paiporta, de la que ya se habló ampliamente en la crónica del día 25 de noviembre de 2016; esa vez que estuvieron en el restaurante del Hostal Bonavista. Un día más en el que Los Dalton Buidaolles mantienen en su tertulia el recuerdo de un compañero fallecido en estos días de Navidad.  


También fueron objeto de comentario las declaraciones de la actriz francesa Catherine Deneuve, en un manifiesto firmado por ella y por otras muchas actrices francesas en el diario Le Monde, con el fin de - desde su punto de vista - frenar el puritanismo y contra la campaña llevada a cabo por grupos de feministas que denuncian los abusos sexuales.  Un aspecto polémico y debatido en la tertulia, con posiciones a favor y en contra de dichas declaraciones.



Pero todo ello en un clima de amistad, cordialidad y compañerismo, como viene siendo habitual en este grupo que suele variar en su número de asistentes de unas semanas a otras, pero que mantiene la tradición del añorado esmorzaret semanal.



José González Fernández

viernes, 1 de diciembre de 2017

Bar-restarurante Les Tendes, Almàssera, Valencia. (01-12-2017)




            Durante los últimos días, los fenómenos meteorológicos se habían estado preparando para darle la bienvenida al invierno; los parques con los árboles medios deshojados y, en algunas latitudes, los blancos tejados, daban fe de ello. Sin embargo en Valencia, tan solo unas tímidas gotas de agua, a mitad de semana, se atrevieron a calmar la sed de una tierra resquebrajada, sin llegar a evitar la tendencia preocupante del declive de las reservas hídricas.  La sed de justicia que también se dejaba sentir en los ciudadanos y en las conciencias de los gobernantes, al reconocer que esta Comunidad Autónoma era la peor financiada de España.

 


No obstante, el frío polar obligaba a Los Dalton Buidaolles a abrigarse y, en algunos casos, a cubrir sus testas, cuando se dirigían al extrarradio en la parte norte de la Ciudad; al Bar-Restaurante “Les Tendes” , en la avenida del Mar, 59, de Almácera. Una localidad que se encuentra rodeada de huerta cultivada en un 72%, aunque tan solo el 5% de su población permanezca ocupada en el sector agrícola.
 
 Les Tendes es una alquería que se encuentra a menos de un kilómetro del núcleo de población, en plena huerta. Sus propietarios han querido conservar la estructura de la típica casa huertana con tienda – de ahí su nombre - o almacén hortofrutícola, en un establecimiento con dos ambientes: por un lado el bar en lo que se supone fue, en su día, la vivienda, y por otra el restaurante, en lo que debió ser el almacén de frutos recolectados. Sin embargo, la austeridad de los típicos techos de vigas de madera, se ha intentado cubrir con un trampantojo que imita a la obra de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, eso sí, solo se trata de una fotografía en un lienzo tensado, pero que le proporciona cierto toque de distinción y glamour. Todo ello rompiendo estilos, y combinando las antigüedades de aperos de labranza e instrumentos de uso tradicional, con aparatos tan actuales como las consolas de aire acondicionado o ventiladores. 



Como si se tratara de una aparición mariana, asombrados quedaban algunos Buidaolles al contemplar tal mezcolanza en un local, que más se parecía a un museo de artes y costumbres populares que a un bar. ¿O tal vez era el miedo que imponía esta cabeza de morlaco a pesar de estar disecada? No en vano, había sido colocada estratégicamente junto a la salida de emergencia, por si alguien al verla se indisponía del susto y se veía abocado a salir corriendo a desahogarse en plena huerta, por seguir manteniendo la costumbre tradicional de hacerlo al aire libre. 



            Este establecimiento, ha sido premiado – al igual que Marvi y Cent Duros, visitados en ocasiones anteriores – con “El Cacau d’or” en su tercera edición, en la que se les reconoce como mejores almuerzos de la Comunidad Valenciana. En su carta podemos encontrar una gran variedad de bocadillos, entre los que destacamos algunos muy representativos de la dieta mediterránea; como es el caso de este tan sano de tomate, cebolla y pimientos; o este otro de lomo con alcachofas. No podíamos olvidarnos de algo tan típico en la zona como es la calabaza asada.



            También se detectó por la mayoría de los Buidaolles, que el alcohol del cremaet que aquí se ofrece, no está tan quemado como el de otros locales. Tal vez por tratarse de una zona de clientes huertanos, a quienes la costumbre les lleva a empezar la mañana con ese calor que esta bebida proporciona, para soportar el frío y húmedo viento que suele soplar en la planicie, cuando el trabajo no está cercano al cobijo de edificación alguna.



            Todos parecían coincidir también en que, a pesar de que en Les Tendes se da un buen precio, no es de los mejores establecimientos donde se puede degustar el esmorzaret. Posiblemente sea más “el ruido que las nueces”. Sin embargo, hay que reconocer que el premio es merecido por el hecho de conservar el local como hace cien años: con sus techos, sus paredes, su solería… y todo aquello que sirve para rememorar la grandeza de una tierra que tanto bien le aportó a la zona y de la que una parte importante de la Península se abasteció.





            Este viernes, no se sabe si por el efecto relajante del cremaet o por la cercanía del puente de la Constitución, parecía que las aguas estaban más calmadas; al menos nadie se alteraba demasiado en la tertulia, en la que fundamentalmente se volvió a hablar de música: de la de hoy y de la de ayer, de los ritmos que nos excitaban y de las canciones “moñas” que entonces nos enamoraban. Todo ello en una buena sintonía y sin olvidar uno de los mejores ejercicios: la risa, esa terapia que te recupera y, por unos momentos, hace que desconectes de todo tipo de preocupaciones y afrontes la realidad con más optimismo.



José González Fernández




domingo, 26 de noviembre de 2017

Mesón-Restaurante Adrián, C/ Monastir de Poblet, 18, Valencia. (24-11-2017)




            La mañana del viernes amanecía un tanto ensombrecida y la pureza del aire llegaba a dificultar las actividades deportivas en la calle; pues la contaminación ambiental procedente de las quemas de deshechos del cultivo del arroz, unido a las condiciones meteorológicas impropias para estas fechas, habían creado una neblina que desde el suelo se elevaba a pocos metros de los edificios más altos de la ciudad de Valencia.



            Ese viernes, como tantos otros, Los Dalton Buidaolles se disponían a visitar un nuevo local situado en el barrio “El Calvari”, al noroeste de la ciudad; un cruce de caminos entre las avenidas de Burjasot, Campanar y General Avilés. Justo en el otoño en el que se cumplen sesenta años de aquella arriada que asoló una gran parte de la Ciudad y, en especial, a las barriadas de Campanar y El Calvari, dejando 89 víctimas mortales y grandes pérdidas materiales.  El viejo cauce del río Turia que trajo la desgracia a la ciudad, siendo ahora un jardín lleno de vida.




            En la calle Monastir de Poblet, 18, se encuentra el Mesón-Restaurante Adrián, un establecimiento con variedad de servicios: almuerzos, comidas, cenas, eventos y celebraciones. Está especializado en carnes de ternera gallega y novillo argentino a la piedra, pero también sirve paellas y todo tipo de bocadillos en el almuerzo. Aquí podemos ver algunos de ellos tales como: sangre de pollo con pimientos y cebolla, o el de calamares a la romana.


               En general, la opinión de la mayoría de los Buidaolles fue favorable a la calidad del producto, no obstante, en cuanto al bocadillo de calamares a la romana se refiere, cabe decir que dejó mucho que desear; la falta de frescura de los calamares se dejaba notar al ofrecer resistencia a las dentelladas de incisivos y caninos, y el pan – pieza clave en la calidad del conjunto – había sido calentado en alguna plancha, lo cual, en lugar de aportarle ese armonioso crujiente, ofrecía resistencia a la masticación y deglución. Sin embargo, todo ello fue superado gracias al delicioso cremaet con el que se ofrece un minúsculo croissant, gentileza de la casa.  


            Por otra parte, el Mesón-Restaurante Adrián es un lugar acogedor; con su rústica decoración de paredes de piedra y el colorido de sus lámparas, se crea un ambiente relajado en el que, a diferencia del típico jaleo observable en cualquier tasca española, aquí se mantiene atenuado, y el nivel de decibélios general no impide mantener una conversación en un tono de voz normal.




            Ese viernes no era un viernes cualquiera, era el “Black Friday”. Una tradicción americana que está calando en Europa; un día en el que la gente se sumerge en ese mundo consumista, lanzándose a la calle o, simplemente desde casa a través de internet… como si no existiera un mañana. Es el prólogo del mes que cierra el año con abundancia de regalos, excesos y “paz y amor”.  A pesar de que alguien, a través de las redes sociales, ha pretendido divulgar que el origen del Black Friday procede de la esclavitud; el día después de Acción de Gracias en el que los esclavos negros eran vendidos a bajo precio para adquirir otros más jóvenes y fuertes, no parece que este argumento tenga gran consistencia, pues teorías más fidedignas apuntan hacia la crisis económica de Wall Street en 1869, cuando el mercado financiero entró en bancarrota.  Otras se refieren a fechas más recientes, en concreto al año 1975, cuando el “New York Times”, acuñó por primera vez el adjetivo “negro” al referirse al caos producido en el tráfico de la ciudad de Nueva York, debido a los descuentos en compras del día después de Acción de Gracias.



            Un día en el que en la tertulia de los Buidaolles también se habló del “Cupo Vasco”. Un sistema de financiación que reconoce desde 1978 la singularidad de las comunidades vasca y navarra, aunque su origen puede encontrarse cien años antes, cuando al final de las últimas guerras carlistas, el Estado estaba necesitado de fondos y pedía aportaciones a dichos territorios.  Este controvertido acuerdo se reedita cada cinco años y es objeto de discrepancias y polémicas, no solo en el Congreso de los Diputados, también entre la población.



                Los diferentes gustos musicales de los Buidaolles también se pusieron de manifiesto en la animada tertulia. Parece obvio en el arte, que los gustos son como los colores, con lo que no parece lógico devaluar ningún estilo musical por no ser compartido. Se puso de manifiesto, que la falta de conocimiento o de relación con determinadas músicas, es lo que induce a determinadas personas a pensar que esa música carece de valor. Esto suele ser algo genérico con otras artes tales como la pintura, la danza… y, en general, con todo aquello que se desconoce. Podríamos decir aquí que la ignorancia es muy atrevida; descalificar a un cantante o estilo musical puede resultar superficial, y típico del “cuñadismo”, cuando no se distingue un “do” de un “la”.
           



Una mañana más en la que, a eso de las doce, volvía a lucir el sol que animaba a la gente a ocupar la calle, pero que desvanecía las expectativas de quien había soñando con la ansiada lluvia.




José González Fernández

viernes, 17 de noviembre de 2017

Bar Marvi, C/ Justo y Pastor, 14, Valencia. (17-11-2017)

El frío había llegado a Valencia, aunque el cielo permanecía azul con un sol resplandeciente que calentaba tímidamente la mañana del viernes, cuando Los Dalton Buidaolles se dirigían a almorzar a la zona este de la ciudad, y en concreto al Bar Marvi, en la calle Justo y Pastor, 14; arteria de casi un kilómetro de longitud, perpendicular a otra también importante como Cardenal Benlloch, y muy cerca de la zona de Mestalla.



Al igual que el estadio del Valencia Club de Futbol, la barriada toma su nombre de la histórica acequia del río Turia que regaba un amplio sector de la productiva huerta valenciana. Dicha acequia pasaba justo al lado de la grada sur del estadio y, durante las primeras décadas, había que superarla para llegar hasta el mismo. Hoy día, sus múltiples ramales; soterrados por algunas zonas, al descubierto por otras, solo riegan un sector muy reducido debido al avance de la urbanización. 


El Bar Marvi es un establecimiento que ha sido galardonado con diversos premios de carácter local y está considerado como uno de los grandes templos culinarios del almuerzo valenciano. En él se pueden degustar una gran variedad de productos entre los que podemos destacar su amplia selección de tradición gallega. Lacón, chorizo al ribeiro, queso de tetilla o pulpo como el que figura en la imagen, son los platos que se ofrecen en este local de no muy grandes dimensiones ni destacada decoración, pero con una muy buena relación en sus productos entre calidad y precio.  


 En el año 2015, por ejemplo, el Bar Marvi fue premiado con “El cacau d,or”, junto a otros establecimientos que triunfan por el buen hacer de sus propietarios.  También ha sido galardonado recientemente en los concursos del tiraje de la caña de cerveza, el pintxo de oro, o la tapa de la ruta del tardeo. 


Qué decir de sus bocadillos: un pan crujiente que se deshace en la boca, sin perder su toque rústico y enharinado, apenas presenta dificultad a la masticación, resultando delicioso cuando va relleno de viandas tales como tortilla con salmón o chipirones con habitas tiernas.  



Todo en un día en el que el tema recurrente era ese proceso judicial que se estaba llevando a cabo en Pamplona por la violación de una chica en los San Fermines de hace dieciséis meses. Los supuestos agresores que se hacían llamar a sí mismos “La manada”, intentaban demostrar, a través de sus abogados, que se trató de una relación consentida.


También fueron objeto de tertulia temas de salud, tales como el problema masculino de la próstata; algo que alguno de ellos afirmaba suele llegar a todos los hombres tarde o temprano. Sin embargo otros de ellos se resistían a creerlo; tal vez porque no lo padecen aún, tal vez porque la vitalidad del momento les hace ver todo ello como una hipótesis lejana. 


Como siempre, las últimas actuaciones musicales en directo en la ciudad, o las risas contagiosas de algún que otro chiste, anécdota o comentario surrealista, protagonizaban esa mañana del viernes, en la que se saludaba el fin de semana; con una climatología que prolongaba la sequía, pero que invitaba a salir a la calle a pasear y servía para aumentar el estado de ánimo.



José González Fernández